Hacia un objetivo común

Cada persona tiene orienta su vida hacia un determinado objetivo principal y a él trata de subordinar todas sus actividades. Puede llegar a conseguirlo, o tal vez no. Quizá aquél objetivo se ha ido afirmando, a lo largo del tiempo, o ha tenido modificaciones que se han ido asumiendo porque se entendió que precisaban mejor lo que, desde el principio, se había definido como la meta a alcanzar. En otros casos se olvida totalmente aquél objetivo y se adoptan otros que pueden llegar a ser, en casos extremos, totalmente opuestos a lo que inicialmente había sido fijado como objetivo principal. Todo ello indica que la persona - toda persona - recibe ideas y sugerencias que analiza, acepta o desestima, al tiempo que ella hace llegar a otras personas sus propias ideas y sugerencias. Es un proceso, permanente, cuyo fin es tratar de encontrar un objetivo común para la sociedad de la que se forma parte.

En esa función tan importante - la de la orientación de la propia vida y su repercusión sobre la de los demás - se debe poner en acción toda la capacidad de entendimiento personal. Si con ella no hubiera posibilidad de entender todo cuanto nos llegue habrá necesidad de ser prudentes y elegir a quienes puedan darnos noticia cierta acerca de lo que se nos haya dicho. La vida de la persona - de cualquiera - es sumamente importante y, a su vez, llena de matices a los que es necesario cuidar con todo cariño y delicadeza. En la familia, la relación entre padres e hijos se presenta con matices especiales desde antes del nacimiento de estos. Desde el primer momento que se les desea y hasta siempre. Nunca se rompe ese vínculo familiar y se procura que toda la familia se encamine hacia el logro de un buen objetivo común.

No siempre se consigue ese buen objetivo por muy diversas razones, entre las que se destaca la necesidad que cada hijo tiene de orientar su propia vida, recibiendo ya otras ideas y sugerencias, nuevas tal vez o que presentan ciertas características que les resultan atractivas y que le obligan a tonar decisiones. El paso, o apertura personal, a la sociedad es muy importante y, por ello, hay que cuidar al máximo que familia y sociedad no sean conceptos diferentes o que no llegan a tener líneas de acción comunes. La familia es un bien natural que tiene derechos fundamentales, básicos, que nadie debería intentar disminuirlos o atacarlos.

Fortalecer la familia es una labor de todos los días que nunca debe considerarse como rutinaria, pues cada día las necesidades aparecen con características que tienen variantes con las del día anterior. Fortalecerla supone darle a conocer todo aquello que signifique ataque al conjunto de la familia o a cada uno de sus miembros y, acto seguido, proporcionarle los medios para combatir esos ataques. En la educación familiar, la de cada uno de sus componentes y la del conjunto como algo común, no debe ahorrarse ningún esfuerzo.

Fortalecer la sociedad es también una labor diaria a la que toda persona está llamada y no debe desoírse esa llamada. Atendiéndola, debidamente, se irá dando cumplimiento a ese objetivo principal que se había fijado por cada persona y que se desea que tenga el carácter de común para toda la sociedad, porque de buena fe se quiera llevar a ella lo mejor de lo que cada cual es capaz. Persona, familia y sociedad tendiendo hacia un objetivo común.

Manuel de la Hera Pacheco.- 5.Mayo.2006