¿Qué es lo que nos mueve?
A veces no se sabe, con exactitud, por qué se actúa de una forma y no de otra distinta, incluso totalmente opuesta a aquella. Eso ocurre tanto en la vida corriente de cualquier persona como en la de los grandes grupos humanos y también ocurre en alguna que otra situación de mayor importancia, a pesar de las advertencias que sobre el caso se hayan producido. Después, cuando los hechos han tenido lugar, aparecen las llamadas de atención - las que nos hacemos personalmente y las que otros nos hacen - y, aunque sea tarde para evitar lo que pueda estar mal hecho, siempre se presenta la oportunidad de rectificar todo lo que sea posible y, sobre todo, aprender para no volver a cometer los mismos o similares errores. Desgraciadamente, la tendencia del ser humano a tropezar más de una vez en la misma piedra se confirma repetidamente. ¿Qué es lo que nos mueve a ser tan olvidadizos?.
Quizá seamos, en general, poco dados a considerar la gran importancia que para la sociedad tiene aquello que cada persona hace en su vida corriente, en la de su trabajo, en la de su familia, en la de su relación social, también en la de su descanso personal y en el que proporciona a los demás. Cuando la vida propia se orienta a que sea verdaderamente útil a la sociedad, aunque sea en las cosas corrientes de cada día - que por lo general no serán cosas de gran calado - ya se tiene un camino por el que progresar con la certeza de que es una vía adecuada para ir alcanzando, paso a paso, la verdad de la vida. Pero cada uno de esos pasos habrá que cuidarlos para no tropezar; para no dificultar el andar emprendido hacia la verdad.
La sociedad se mueve según sean las corrientes de opinión que sobre ella actúan. No siempre se está de acuerdo con la resultante de esas corrientes y, probablemente, ni con la corriente que se muestre como dominante. Cuando se den esas condiciones habrá que preguntarse si se hace todo lo necesario para hacer ver que a la sociedad se la está llevando por un camino distinto a el camino de la verdad, a el camino del buen entendimiento entre todas las personas que han de vivir en esa sociedad y que han de desarrollar, con el ejemplo de sus vidas, un claro y profundo ambiente de justicia, serenidad y de amor a la verdad.
Toda persona comete errores, por unas u otras razones, pero tiene obligación de no vivir en el error. Debe procurar darse cuenta de que vivir en el error es atentar contra uno mismo y contra la sociedad; contra el conjunto de seres humanos que han de convivir en paz y tratando de alcanzar, todos, la verdad de la dignidad humana. Este amor a la verdad de la dignidad humana es lo que debe anidar en el alma de cada persona y moverle a actuar.
El hecho de que el ser humano es libre para elegir el camino a seguir, hace que en toda ocasión deba examinar el paso que vaya a dar. Si no lo hace, con las debidas garantías, es muy probable que caiga en el error y, con ello, quede prisionero de él. Vivir en el error es vivir sin libertad. El error es contrario a la verdad. La verdad nos hace libres a todos.
Manuel de la Hera Pacheco.- 3.Mayo.2006
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