¿Dónde estamos nosotros?
¿Dónde estamos nosotros?
Que nadie se sienta excluido de ese nosotros que figura en el título de esto que ahora se empieza a redactar. Toda persona, simplemente por el hecho de ser lo que es, figura por derecho propio en el conjunto de la humanidad. Nadie está exento de todo cuanto ocurra en ese conjunto; puede que en algunos casos se tengan mayores responsabilidades que en otros, pero siempre se tiene la responsabilidad de comportarse como ser humano dotado de inteligencia y de voluntad. ¿Dónde estamos nosotros, cada uno de nosotros, en cada uno de esos hechos que, a diario, se van sucediendo en la vida de la humanidad?. Que nadie intente echarse fuera de ese gran escenario, con la excusa de que se encontraba lejos de lo que en un momento determinado ocurría. Puede que estuvieras lejos materialmente, pero en el gran escenario del mundo lo que cuenta es la disposición del espíritu que anima al ser humano.
Todo cuanto sucede en el mundo afecta, de alguna manera, a la sensibilidad de toda persona. Hoy día no hay distancias ni barreras infranqueables para la percepción de lo que ocurre en el mundo; quizá nos alejamos o ponemos barreras nosotros mismos para evitar que se nos acuse de lo que ha ocurrido. Pero es empeño inútil; siempre aparecerá en nuestra mente una imagen, más o menos exacta, de lo ocurrido y con ella la pregunta que nos hace, de forma concreta y personal, nuestra conciencia: ¿qué has hecho para evitar ese daño, o qué has hecho para salvar a alguien - a muchos quizá - de su destrucción material o moral?.
No hay posibilidad para nadie - para cualquiera de nosotros - de crear y vivir en un espacio neutral en el que se pretenda quedarse al margen de cuanto ocurra en el gran escenario del mundo. Sería tanto como intentar desposeer al ser humano - entre ellos a uno mismo - de la esencia de la vida, de la capacidad de sentir y de llegar a ofrecer misericordia a quienes sufren, a quienes luchan - con las posibilidades que les permiten sus fuerzas - por alcanzar las condiciones de vida que exige la dignidad humana. ¿Cómo puede situarse alguien en ese lugar desde el que no se quiere entender nada de lo que ocurre en el mundo?.
Cada persona - cada uno de nosotros - está llamada a conocer las necesidades de las demás y a prestarles la ayuda que necesitan. Siempre superarán esas necesidades a las posibilidades de ayuda directa de cada persona, pero nadie debe quedarse en esos límites viendo cómo la gente sigue sufriendo. Mientras haya personas que sufren no se debe adoptar una postura de indiferencia, de conformismo o de pensar que otras personas son las que deben arreglar esas injusticias. Hay que buscar el medio de ayudar a que esas situaciones dejen de existir. Esas posibilidades existen para cualquier persona, para todos nosotros.
Quizá conviene que nos preocupemos por lo que ocurre en el gran escenario del mundo, en nuestro escenario, tanto de lo cercano como de aquello otro que no está tan próximo. Es mucha la necesidad, de todo tipo, que hay en la humanidad y toda persona puede y debe tomar parte en la solución de esa necesidad. ¿Dónde estamos nosotros, cada uno de nosotros, personas dotadas de inteligencia y voluntad?. Piénsalo y decide con amor.
Manuel de la Hera Pacheco.- 1.Mayo.2006