¿Curar matando?

El proyecto de Ley de Técnicas de Reproducción Humana Asistida, aprobado recientemente en el Congreso, parece olvidar que cuando un gameto masculino y otro femenino se unen aparece una realidad diferente a la de la madre y la del padre, es un organismo nuevo que recibe el nombre de embrión, algo más que una bola de células y que merece el mismo respeto que el que se le da a la persona humana. Con esta ley se niega la protección legal al ser humano incipiente y el embrión humano recibe "una tutela legal menor de la que se les otorga a los embriones de ciertas especies animales protegidas".

Con lo anterior no quiero decir que la ciencia no deba avanzar, pues es para alegrarse del avance de la ciencia, la biomedicina y la genética que es capaz de prevenir y curar pero no si se convierte en un instrumento contra la vida humana, como pasará con este proyecto de ley, pues una ciencia sin conciencia es un peligro para los seres humanos y la sociedad, podemos decir a las afirmaciones de Presidente del Gobierno Español, y “una ciencia con conciencia es una bendición de Dios”.

Aliviar el sufrimiento del ser humano es un imperativo pero hay que hacerlo con medios humanos, no podemos curar matando. La producción de seres humanos en los laboratorios es una práctica que choca con la dignidad de la persona y que trae consigo numerosos abusos y atentados contra las vidas humanas incipientes, es decir, contra los hijos.

Que la nuestra es una sociedad éticamente enferma, que porta en ella misma los gérmenes de su destrucción, No sólo lo parece sino que, desgraciadamente, es ya una realidad. Debemos agradecer a la Iglesia que a pesar de que le reporte cierta impopularidad, siga defendiendo los derechos de los no nacidos, puesto que no tienen posibilidad de defenderse.

Jesús Domingo